Muchos hemos ido a un retiro de fin de semana o unos pocos días, y ahora involuntariamente nos vemos en un retiro mucho más prolongado, así que manos a la obra y saquémosle partido.

Mindfulness Excéntrico.
Lleva la atención a tus manos cuando vayas a salir, desde el momento que coges las llaves. Todo lo que vas tocando, el móvil, la manilla de la puerta, el botón del ascensor o la barandilla de la escalera.

Si vas en coche, pues igual, coges las llaves, tocas la puerta, el volante, los asientos, los objetos que estén alrededor.

Observa las veces que te llevas las manos a la cara, a los ojos, a la nariz. Lo que vayas a hacer, las veces que tocas dinero, mobiliario urbano o de otra índole.

Y de nuevo, la cara, el cuello, la otra mano, las gafas, las orejas, la nariz.

Sigue así hasta llegar a casa y mira lo que pasa antes de lavarte las manos y después, utensilios de cocina, bolígrafo, ordenador, mando de la tele, etc.

Mindfulness concéntrico.
Los minutos pasan, y con ellos las horas y los días.
Surgen las emociones, el aburrimiento, el hastío, la desesperación, el miedo, la depresión o ansiedad.

¿Cómo lo manejas?.
Te da por hacer cualquier cosa, por distraerte, por escapar de lo que sientes, quizás porque no puedes soportarlo.
Aquí tiene lugar una gran pérdida de energía, se dispersa el prana, pierdes el centro.

La tensión interna aumenta, y cualquier excusa es buena para darle una pequeña salida, discutir con las personas que tengas a mano, ser una víctima, lo de verdugo en los otros.

La caja de cigarrillos, la nevera y la alacena se vuelven en un lugar recurrente, repetitivo. Buscando todo excéntricamente.
Sin tocar nada adentro, sin penetrar a bucear en nuestro mundo interior y ver allí los caminos del laberinto. Surgen los sentimientos.

La memoria busca momentos buenos o malos, todos los lugares comunes que aportan seguridad, la huella de la historia personal. Y por supuesto rodeando todo lo anterior, las reacciones.

Qué pasa si nos sentamos por un buen rato sin ninguna distracción, sin ninguna huida a cualquier parte.

Solos allí con todo ese carrusel de eventos perturbadores, y no hacemos nada más que observar, como cuando vemos un programa en la televisión, con toda nuestra intención puesta allí sin ningún esfuerzo, sin condenar o alabar, solo ver, desde el silencio, o sea sin tomar partido por nada, sin calificar nada, sin comparar, viendo desde la serenidad y la pasividad; como sentarse a ver las nubes pasar, porque finalmente todo tiene esa cualidad de las nubes, etéreas, pasajeras y siempre disolviéndose, desapareciendo, porque en la vida la solidez es solo un espejismo.

Karma Peldén